¿Esta vez el Perú realmente se está ordenando o solo está anunciando en grande?
¿Chimbote, la Amazonía y Pucallpa como nuevos ejes logísticos del país?
¿O seguimos sumando megaproyectos a la larga lista de “ya casi”?
Hay anuncios que uno escucha y piensa: “Ah, por fin estamos avanzando”. Y luego hay otros que suenan tan grandes que dan ganas de revisar el calendario para confirmar que no estamos primero de abril.
El de ProInversión, sobre la avalancha de proyectos portuarios por más de US$ 700 millones, está justo en esa frontera deliciosa entre el entusiasmo y la incredulidad.
El director ejecutivo, Luis Del Carpio, apareció con la solemnidad de quien está anunciando el futuro del país —y quizás lo esté— para contar que el Terminal Portuario de Chimbote, valorado en US$ 354 millones, será la nueva joya del norte.
Una obra que beneficiará a 1.2 millones de personas entre Áncash, La Libertad, Huánuco y el norte de Lima.
Suena bonito. Y lo mejor: promete ordenar la vida de tres sectores que siempre han vivido con el corazón acelerado —el hortofrutícola, el pesquero y el minero—, todos soñando con una logística que no les quite años de vida.
La Amazonía también quiere su lugar en la película
Mientras en la costa se habla de containers y exportaciones, en la selva la apuesta es otra:
Saramiriza e Iquitos tendrían terminales portuarios nuevos, valorados juntos en US$ 181 millones.
En teoría, estas obras le darán a la Amazonía el tipo de conectividad fluvial que siempre se le prometió y casi nunca llegó.
Más de un millón de habitantes podrían beneficiarse si, por fin, mover carga por el río deja de ser una prueba de fe.
Pucallpa entra al juego con su propio megapuerto
Y como el país no puede vivir solo de la costa y la selva baja, aparece otro proyecto: la modernización del Terminal Portuario de Pucallpa, estimado en US$ 315 millones.
Su primera meta suena ambiciosa pero alcanzable: mover más de 800 mil toneladas de carga al año, conectando Lima, Ucayali y Loreto como si por fin se hubieran puesto de acuerdo.
El proyecto promete reducir costos logísticos, acelerar el comercio interregional y beneficiar a 600 mil personas, que seguro agradecerán que sus productos no tarden siglos en llegar.
El número que todos quieren escuchar: empleo
ProInversión, muy consciente de que nada emociona más a un país golpeado que la palabra “chamba”, decidió poner sobre la mesa la cifra mágica:
1,450 empleos directos gracias a estos proyectos.
Directos. No “potencialmente”, no “quizás”, no “si el clima acompaña”.
Directos.
Aplausos.
El futuro ya no es digital: es portuario–digital
Del Carpio también anunció una herramienta con nombre sofisticado y promesa futurista: el Port Community System (PCS).
Una plataforma que integrará información entre operadores portuarios, reducirá costos y hará más eficiente la cadena logística.
En cristiano: que todos por fin hablen el mismo idioma y no se pierdan papeles entre grúas, barcos y aduanas.
Y para cerrar, más sueños de infraestructura
El ejecutivo aprovechó para recordar que la modernización portuaria no viaja sola.
Se empalma con proyectos gigantes como:
- El Anillo Vial Periférico
- La Longitudinal de la Sierra – Tramo 4
- El Ferrocarril Huancayo–Huancavelica
Todos, juntos, formando ese rompecabezas que —si un día se completa— podría reducir tiempos de traslado y unir regiones que siempre parecieron países distintos.
Conclusión: un país que, al menos en papeles, se está ordenando
Los anuncios suenan grandes, redondos, casi cinematográficos.
Que se cumplan, bueno… ese es otro capítulo.
Pero si lo que dice ProInversión se materializa, el Perú podría dejar de ser un país que mira al mar con nostalgia para convertirse, por fin, en uno que sabe aprovechar sus puertos.
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